top of page

El optimismo puede ser más fácil de lo que crees

Y por qué no es una evación espiritual


Muchos de nosotros sentimos un cansancio silencioso en este momento, la fatiga sutil y acumulada que surge de vivir en un mundo donde el volumen de los medios siempre está al máximo. Los titulares compiten por la atención. Las opiniones se intensifican. Los conflictos, tanto globales como personales, parecen acumularse. Incluso quienes tienen una base espiritual sólida pueden sentir cómo su sistema nervioso pide clemencia.


Las conversaciones se perciben más intensas. Las relaciones pueden sentirse tensas. Existe la sensación de que, independientemente de la postura de uno, alguien más se opone firmemente. Para muchas personas sensibles y conscientes, esto por sí solo es agotador, no por el desacuerdo en sí, sino por la carga constante que lo rodea.


Así que hoy quiero ofrecer un suave replanteamiento. Un estímulo espiritual que no niega la dificultad, sino que, discretamente, modifica la importancia que le damos.


Bien, primero reconozcamos que hay malas noticias: conflicto, incertidumbre, estrés climático, guerra, polarización política y sufrimiento humano real. La madurez espiritual requiere que podamos mirar todo eso con claridad, sin titubear ni pasar por alto.


Pero aquí está la parte que a menudo olvidamos: También se está desarrollando una extraordinaria cantidad de cosas buenas al mismo tiempo.

Hay cooperación que ocurre silenciosamente bajo el ruido. Hay avances en la restauración ambiental, la energía limpia, en la conciencia misma. Hay comunidades que eligen el cuidado en lugar del miedo, el diálogo en lugar de las disputas. Hay personas que sanan patrones familiares, se dedican al servicio y viven con integridad de maneras que nunca llegan a los titulares. Hay creatividad, generosidad y valentía por todas partes. Simplemente no siempre se amplifican.


Así que aquí está la verdadera pregunta, y es poderosa:

¿Cuál de estas realidades tiene más peso en ti?


Porque ambas son ciertas. Y, sin embargo, la mayoría de nosotros, inconscientemente, permitimos que la historia más ruidosa se convierta en la más pesada.


Aquí es donde el optimismo se malinterpreta.


El optimismo no es fingir que todo está bien. No es una evasión espiritual. No es una actitud optimista de "vaso medio lleno".


El optimismo, en un nivel más profundo, se trata de dónde ponemos nuestra atención y, por lo tanto, de qué alimentamos con nuestra fuerza vital.

Solo les recuerdo a todos lo que hemos aprendido a través de los maestros espirituales y oráculos de las últimas décadas: la realidad no es algo único e inmutable. Es un campo con muchas corrientes que fluyen a la vez. Cuando sintonizamos constantemente nuestra atención con una corriente ~miedo, indignación, desesperación~, comienza a sentirse como el río completo.


Pero cuando recordamos observar las otras corrientes que fluyen junto a ella, ocurre algo extraordinario: nuestro sistema interior comienza a relajarse. No porque los problemas desaparezcan, sino porque ya no los cargamos solos.


Esto importa no sólo a nivel global sino también a nivel personal.


¿Qué historias estás repasando sobre tu vida ahora mismo? ¿Sobre tu cuerpo, tus finanzas, tus relaciones, tu futuro? ¿Le das más importancia a lo que sientes estancado o estresante, o a lo que silenciosamente funciona, crece, sana o se reorganiza a tu favor?


Aquí tienes una dulce verdad: El mundo que experimentas no es solo el mundo en el que vives. Es el mundo con el que te relacionas. Y las relaciones cambian cuando la atención cambia.


Este es el sutil truco espiritual que quiero recordarte hoy. No se trata de una ilusión, sino de tu poder soberano, lo que llamamos agencia.


Cuando permites incluso un pequeño reequilibrio, reconociendo deliberadamente tanto los desafíos como las bondades, empiezas a sentirte, ¿adivina qué?... menos agotado. Tu sistema nervioso recibe el mensaje de que no tiene que permanecer en estado de alerta para ser responsable, estar informado o despierto.


Desde este punto de vista, el optimismo deja de ser una emoción para convertirse en una práctica, una forma de preguntar:


  1. ¿Qué más hay de cierto aquí?

  2. ¿Qué posibilidad está presente, aunque aún no sea dominante?

  3. ¿Qué futuro me responde cuando me inclino hacia él con cuidado e imaginación?


Así es como las realidades cambian, no mediante la negación, sino mediante la participación consciente. No avanzamos escapando de "lo que es". Lo hacemos aprendiendo a permanecer dentro de "lo que es" sin quedar cautivos de él.


Es una invitación a practicar este arte juntos, para aprender a transitar con gracia entre realidades, con honestidad y optimismo, claridad y esperanza.


Por ahora, que este sea tu permiso para descansar un poco. Para respirar. Para recordar que la historia es más grande que el parloteo más fuerte.


Vives en un mundo en transición y tienes derecho a elegir qué corrientes te moldean a medida que avanzas.



Comentarios


bottom of page