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Cómo soñamos nuestro mundo

Más allá de las constelaciones más distantes, un agujero negro convierte las galaxias en fuego. Ardiendo desde antes de que la Tierra se enfriara, antes de que la palabra "antes" significara algo. Entonces, un fotón de luz escapa de ese antiguo fuego hacia el vacío del espacio.


Durante miles de millones de años viaja hasta encontrarse con una galaxia tan grande que curva el espacio mismo. El espacio-tiempo se curva, y al fotón se le ofrecen dos caminos: izquierdo o derecho.


El fotón no elige. En las matemáticas que rigen el universo, el fotón se convierte en un tal vez, una superposición: izquierda y derecha, ninguno y ambos. No guarda memoria de un solo camino porque aún no existe ninguno.


Es un secreto. Un misterio.


Miles de millones de años después, en nuestro planeta, un científico en la cima de una montaña se encuentra junto a un telescopio con un interruptor que plantea una pregunta.


Al girarlo hacia un lado, el instrumento pregunta:


¿Qué camino tomó el fotón?


Dale la vuelta y el telescopio pregunta: ¿Las trayectorias interfirieron y viajaron como ondas?


Los físicos cuánticos quieren que entendamos que esta elección se toma ahora. Mucho después de que el fotón atravesara la galaxia, el universo responde como si siempre hubiera sabido tu pregunta.


Si preguntas qué camino tomar, el fotón llega como una partícula. Una historia. El universo informa: Fue por aquí.


Si preguntas por la interferencia, el fotón llega como una onda. El universo informa: Fue a la izquierda y a la derecha.


No pareció ir.

Fue.


Si le pregunto al mismo fotón, desde mi telescopio, me responderá personalmente.


Es como si el pasado estuviera esperando a ver qué pregunta le haría. El físico John Wheeler lo llamó el universo participativo. Yo lo llamo Soñar el Mundo para que Exista.


Esto significa que el universo no está completamente formado e indiferente, sino que está vivo y surge con nuestras preguntas, nuestra propia Búsqueda.

Esto no es misticismo. Es más extraño.


La física describe un mundo de posibilidades, de respuestas que esperan las preguntas correctas.


Dice que la realidad, en su nivel más fundamental, está incompleta sin ti.


Ahora, lleva esta idea hacia tu interior.


Cada momento de tu vida parece sólido. La silla te sostiene. El reloj avanza. El pasado se siente fijo, el futuro incierto. Pero bajo la superficie, se aplican las mismas reglas.


Puedes cambiar eventos del pasado. Puedes forzar el destino.


Tu cerebro es un interrogador activo del universo. Los datos sensoriales que llegan al cerebro son solo ambiguos, probabilísticos. Por eso los antiguos sabios practicaban el "no saber", para no reducir la realidad a lo habitual.


Tu mente une fotones en objetos, significados, bendiciones o maldiciones. El color no está "ahí fuera". El sonido no está "ahí fuera". Incluso el tiempo, tal como lo experimentas, es solo un "cuento de un idiota".


No estás simplemente en el universo. Estás ayudando a terminarlo.

¿Lo entiendes?


Tu mente convierte las posibilidades en experiencia. Cada pregunta que te haces —¿Es esto peligroso? ¿Es esto hermoso? ¿Tiene sentido?— elige un camino a través de los vastos reinos de lo que podría ser. Las creencias moldean tu futuro.


Los pensamientos se materializan.


En este sentido, siempre estamos soñando con nuestro mundo.


El universo se resiste con leyes, restricciones y estructura. La gravedad aún desvía la luz. La entropía aún aumenta. La muerte aún llega. Pero dentro de esos límites, tu historia se negocia, no la dictan tu infancia ni tu genética. Tejes los hilos de tu destino.


El fotón de un agujero negro distante nos recuerda algo más: El universo ha esperado miles de millones de años tu pregunta. Como una conversación íntima con un amante.

Esta noche, mientras miras las estrellas, imagina. El cosmos espera pacientemente encontrar el tipo de sueño en el que lo ayudarás a convertirse.


Alberto Villoldo, PhD

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