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Vivir la vida con ceremonias y rituales

¿Recuerdas que algunos ancianos dicen que la ceremonia es la forma en que podemos recordar para recordar?

También quieren decir que en tiempos de desafíos las ceremonias pueden ayudarnos a acceder a nuestro cerebro ancestral y recuperar conocimientos muy útiles que se han perdido a lo largo de los tiempos y que pueden emerger en el espacio sagrado.

Sabios, nuestros antepasados conocían un secreto que nosotros hemos perdido:


Una Vida Ceremonial moldea su camino, su ruta y su resultado.

En lugar de "dejarse llevar", podemos utilizar la ceremonia para dar forma a nuestras intenciones más profundas.

Vivir una vida ceremonial requiere sobre todo intención.

Como un jardín, nuestro paisaje interior depende de los nutrientes y la nutrición. Para prosperar necesitamos vivir en sintonía con los ciclos naturales, dejar espacio al Espíritu en nuestra vida y crear ceremonias con regularidad. Éstos son los antídotos contra la sequía emocional y el camino hacia una vida profundamente significativa.


Los rituales nos ayudan a celebrar la vida


Mediante el rito, el ser humano busca relacionarse, directa o indirectamente, con algo que sobrepasa su individualidad.


La palabra «rito» deriva del sánscrito rita, cuyo significado es "orden" en el sentido de armonía universal. Tiene el mismo sentido que dharma en el contexto del hinduismo, tao para los antiguos chinos y maat para los egipcios de la época faraónica.


El rito permite al ser humano relacionarse de alguna manera con algo que sobrepasa su individualidad. Sería este el origen de las ceremonias de carácter espiritual o mágico que podemos encontrar en todas las culturas y cuyo origen parece ser inmemorial.


Hay un orden universal que se expresa mediante leyes inmanentes, a través de ritmos cíclicos y equilibrios naturales. El curso del sol está claro que no depende de nuestra voluntad, pero podemos admirarlo o incluso venerarlo como dador de luz y vida. Es decir, contemplarlo a la vez como realidad física y simbólica.


Aunque el ser humano continúa siendo en su interior un homo religiosus, el modo de vida actual centrado en la tecnología va desvaneciendo esa mirada capaz de vislumbrarlo que se oculta tras la apariencia.


La repetición es una de las características de lo ritual. Por un lado nos recuerda que todo obedece a cambios cíclicos y por otra eso nos conforta, ahuyentando el mal en el sentido de lo desconocido: aquello que puede traernos dificultades (disarmonías) o la misma muerte (fin de un ciclo).


No podemos dejar de mencionar, en este sentido, la importancia dada al ceremonial relativo a la muerte. A diferencia de los animales, el ser humano sabe que va a morir y también desea –o intuye– que la muerte puede ser un nuevo nacimiento. Por eso existen los ritos funerarios y en cada aniversario se recuerda a la persona difunta, a quien se desea que esté en un lugar feliz e incluso nos proteja.


Pero junto a lo imprevisto, hay días especiales marcados en el calendario que, generalmente en modo colectivo, nos invitan a tener determinada actitud. Son las fiestas. Se trata, en definitiva, de celebrar en el interior de cada uno, y en el grupo del que se forma parte, los aspectos más importantes de la vida, como son la alegría, el amor o la esperanza.


No es casual que las festividades más significativas guarden relación con el paso de las estaciones. Por ejemplo, en primavera se afianza la vitalidad en toda la naturaleza y tienen lugar los ritos de fertilidad de muchas culturas. Con la llegada del verano, las cosechas están maduras; las alegres fiestas que perviven en tantos pueblos así lo celebran.


Brooke Medicine Eagle

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