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Somos vida , somos mujeres


Salir al mundo como mujer es recordar que llevamos dentro una luz que no nació para quedarse oculta. Es el llamado suave pero firme a desplegar lo que somos, incluso cuando la mente aún duda y el corazón late con la memoria de lo frágil.


Cuando nos atrevemos a caminar juntas, se abre un campo de energía que ninguna puede sostener sola. En el encuentro con otras mujeres, en la escucha atenta, en la palabra compartida y en el silencio sostenido, se teje un río invisible que nos alimenta a todas. Allí donde una habla, otra reconoce; allí donde una tiembla, otra sostiene; allí donde una florece, todas somos jardín.


Nos nutrimos unas de otras porque así lo diseñó el alma: para crecer hacia dentro mientras damos un paso hacia fuera. Porque salir no es escapar, es expandirse. Es decirle sí a la vida con cada célula del cuerpo, es honrar la herida como raíz fértil y transformar la vulnerabilidad en puerta hacia lo sagrado.

Ser mujer en comunidad es recordar que no vinimos a competir, sino a encendernos. Que la grandeza no está en levantar muros, sino en abrir canales. Y que cada vez que una se atreve a mostrarse en su verdad, ilumina un sendero para las demás.


Es el tiempo de dejar caer las máscaras y mostrarnos como somos: transparentes, poderosas en nuestra ternura, valientes en nuestra sensibilidad. Porque la fuerza de lo femenino no se mide en cuánto resiste, sino en cuánto puede abrazar y transformar.


Y así, paso a paso, conversación tras conversación, círculo tras círculo, recordamos que al nutrirnos entre nosotras nos convertimos en espejos del alma. Y que el verdadero viaje de salir al mundo es, en realidad, el regreso más profundo a nuestro interior.


Somos vida , somos mujeres.



Elsa Farrus

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