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La cosmovisión Wixárika


La cosmovisión Wixárika que significa “persona de corazón profundo que ama el conocimiento”. (en español Huichol) es una de las más representativas de los pueblos indígenas de México.


Cuenta con una riqueza simbólica donde el hikuri, mejor conocido como peyote y sus hermanos como el venado son representados en la mayor parte de su trabajo para ser guiados por ellos durante toda su vida. Es una de las comunidades indígenas que se negó a ser colonizada y se fue a vivir al Gran Nayar, ubicado en la Sierra Madre Occidental, donde permanecen hasta ahora. Por esta razón, lograron mantener su cosmogonía casi intacta.


Niérika o “el don de ver”, uno de los conceptos más interesantes de la filosofía wixárika que se refiere a un instrumento no materializado o una experiencia en la que se establece una conexión con dioses ancestrales para descubrir el estado auténtico de las cosas. Con el instrumento hikuri o peyote, el mara’akame o chamán, no podría realizar el niérika.


A través de sus artesanías, representan el venado y el jaguar (como mensajeros), el peyote (simboliza un portal y es considerado la fuente de vida y el orden del mundo), el ojo de dios (representación clave durante el “don de ver” que también indica los 5 rumbos del universo: este, oeste, norte, sur y centro, y es el protector de los niños).


Leyenda wixaritari - El venado y el peyote

Terribles enfermedades, sequías y hambre azotaron a la tribu wixárika y los ancianos más sabios decidieron enviar a cuatro jóvenes de cacería, estos representaban los cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego.


Los encomendados no hallaban sustento alguno en su travesía, hasta que una tarde un venado robusto y bello saltó de entre las flores. Tras una larga persecución, el venado guió a los jóvenes hasta Wirikuta, desierto sagrado para los wixaritari en San Luis Potosí.


Cuando estaban a punto de cazarlo, perdieron su rastro y luego encontraron un venado formado por peyotes que brillaban como esmeraldas bajo el sol, así que, confundidos por el hallazgo, cortaron los peyotes y regresaron donde los ancianos, quienes repartieron los cactus a la población para saciar su hambre física y su sed espiritual.


Cada vez que he estado en presencia de una ceremonia con el mara’akame Don Andrés, siento esa conexión ancestral tan antigua y tan sabia.



Por Fernanda Meneses y Monica A.

Arte shambalalightvisionaryart

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