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La Candelaria - la luz está activa en cada uno

En la víspera de la Candelaria, que tradicionalmente se celebra entre el 1 y el 2 de febrero y también se conoce como Imbolc en el hemisferio norte y Lammas en el hemisferio sur.


Tradicionalmente, la Candelaria es la Fiesta de la Purificación de la Santísima Virgen María, la Fiesta de la Presentación de Yeshua en el Templo y la última Fiesta que pone fin al tiempo de Epifanía. En el Gnosticismo todas ellas representan un misterio: el reconocimiento de la Luz de Cristo en el mundo. La Candelaria es el reconocimiento de que la Luz está activa en el mundo. Una nueva Luz está presente en el Templo de Cristo, que sostenemos con nuestros propios Templos Corporales.


La Candelaria se celebra durante el tiempo en que los antiguos romanos paganos celebraban la Lupercalia, que era una celebración de la fertilidad. La Luz es Vida. El contacto con esta Luz que da Vida es el propósito mismo de la Candelaria.


Tradicionalmente, los cristianos llevaban sus velas para ser bendecidas durante la misa y, por lo tanto, se iban con una parte de esa Nueva Luz, llevando simbólicamente sus bendiciones y creatividad en sus vidas. Por cierto, esto es lo que da a la fiesta su nombre popular: Misa de las Velas o Candelaria.


En las enseñanzas de la Rosa del Desierto no basta con creer que somos chispas de la luz divina, pues entonces no somos más que chispas. Debemos convertirnos en luces. Una chispa sólo permanece en sí misma; no emite ninguna luz o calor útil. Una llama, en cambio, resplandece en luz y calor para los demás, pero la luz que resplandece también nos permite percibir y así recibir conciencia de aquellas cosas que estaban oscurecidas por la oscuridad. Nos convertimos en luces a través de un aumento de la conciencia, la conciencia de nuestra conexión con la Realidad Divina de la que formamos parte y de la que procedemos.


En el Evangelio de Tomás los discípulos preguntan a Yeshua: "Muéstranos el lugar donde estás, pues es necesario que lo busquemos". Yeshúa responde: "Quien tenga oídos que oiga. Dentro de un hombre de luz hay luz y él ilumina el mundo entero. Cuando no brilla, hay tinieblas". Cuando los discípulos le piden que les muestre dónde está, responde no con un lugar sino con una condición de ser, un estado de conciencia. Les describe al Humano de luz, y les da a entender que deben convertirse en ese ser de luz, en ese Cristo, para percibir dónde está. Entramos en el lugar donde está el Cristo aumentando nuestra conciencia de la realidad trascendente de la que venimos.


Recemos como Comunidad para que podamos encender nuestras propias velas interiores con esta Nueva Luz y difundir su fertilidad, creatividad y calidez a los demás, para que seamos bendecidos con un Nuevo Día en este Nuevo Mundo que estamos creando.


Ahava y Bendiciones para todos,

Ana Otero




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